«Es el lugar ideal para el 9, que quiere pasar el tiempo en una oficina en la que se sienta a gusto evitando todo tipo de confrontación. Es el mediador por excelencia del eneagrama pero está claro que si hay ya mucho enfrentamiento, a pesar de actuar siempre como pegamento en los equipos, puede que le cueste. Vamos a ver cómo actúa cuando debe tratar con los otros eneatipos».
CON EL UNO. A ambos eneatipos se les da bien coger procedimientos conocidos y reforzarlos. No les gustan los cambios rápidos ni la constante presión en la toma de decisiones. Son detallistas al máximo y comparten la tendencia a posponer la toma de decisiones para no asumir el riesgo.
Los jefes 1 crean estructura y los 9 se basan en ella para ser eficientes. Los 9 también pueden centrase gracias a los 1. Sin embargo, los empleados 9 responden a los alicientes y los 1 tienden a centrarse en los defectos.
Los 9 jefes suelen establecer sistemas y marchar por inercia. Su atención se dispersa hacia los detalles y la facultad crítica del 1 puede resultarles de utilidad para recuperar el proyecto. El 9 tiende a delegar cuando se siente abrumado y el 1 es la persona ideal para limitar una tarea.
CON EL DOS. Es como dar un impulso a una fuente potencial de energía. Los 2 entran en acción impulsados por las necesidades de otras personas y los 9 necesitan ser activados. La relación funciona bien cuando los proyectos coinciden. El 9 tiene planes enterrados bajo compromisos secundarios y la magia del 2 radica en concretar esperanzas y animar a las personas, así que, el 9 se pone en marcha.
Los ritmos son diferentes. Si el 9 tarda en tomar decisiones, el 2 se impacienta, así que si el 9 es el jefe, el 2 se desespera.
Como jefes, los 2 confían más en ciertas personas clave que en una estructura meticulosa y luchan por crear comunidad. Aprecian el conocimiento de los 9 sobre las posiciones de otras personas y que no compiten con ellos. Los 9 son muy leales a una autoridad benigna así que los 2 les conceden reconocimiento público, algo que motiva al 9. Pero el 9 rechaza la desigualdad y si ve favoritismos, se desentenderá.
Los directivos 9 son eficientes si existe un curso de acción claro y si los 2 ven que el liderazgo es competente, colaboran. Además pueden ayudar al 9 con información clave que evite conflictos.
CON EL TRES. Los 9 suelen admirar la forma de proceder de los 3 pare encontrarse a sí mismos a través de una carrera. De hecho, un 9 puede tener aspecto de 3 pero se moverá de manera diferente porque seguirá viendo todos los aspectos, fundiéndose con otras personas y evitará el conflicto. Para el 3 esta forma de proceder ralentiza el ritmo, y para el 9 supone que se está conduciendo la situación con el corazón.
Los jefes 3 tienen la urgencia de pasar a lo siguiente una vez terminan algo, sin pararse en consideraciones morales, cosa que no encaja con los 9. Además, los 3 valoran a las personas en términos de cuánto pueden producir para llegar al objetivo y si ven que un empleado no sirve, se deshacen de él. Los 9 son los primeros en sentirse amenazados porque al intentar ver todas las caras de la cuestión, no podrán avanzar a esa velocidad. La falta de decisión de un directivo 9 puede amenazar a los 3 que se centran en cumplir con un objetivo.
La búsqueda prolongada y el descubrimiento resultan muy molestos para los 3, el exceso de información les resulta frustrante porque consideran que las contradicciones pueden limitar los buenos resultados. Su diferente forma de prestar atención puede provocar que el empleado 3 acabe luchando frenéticamente por finalizar una cuestión mientras el directivo 9 analiza las fluctuaciones y continúa examinando la evidencia.
Por otro lado, a los 9 les resulta más fácil expresar su opinión ante oyentes que no les ofrezcan una confrontación cara a cara, justo lo que les gusta a los 3 porque creen que les asegura los resultados.
CON EL CUATRO. Es una relación frecuente en la que el 4 desempeña el papel de primera línea con el público y el 9 supervisa la mecánica del producto o servicio prestado. Las diferencias de estas personalidades son complementarias en el ámbito laboral siempre que los objetivos tengan prioridad sobre los vínculos. Los 4 prefieren los momentos creativos estimulantes y no predecibles mientras que los 9 desean pautas consistentes para no tener que elegir constantemente. Bien utilizado, un emprendimiento original del 4 puede ser implementado por un 9 metódico.
A los jefes 4 no les interesa tener una oficina elegante llena de personas sensibles. Pueden ser tan competitivos como los 3 y pueden marcar un ritmo enérgico que ponga en órbita a los empleados y estimule al 9 a cultivar el 3 que lleva dentro. Los 9 se mezclan con el entorno y con el ambiente que encuentran y así parecen resueltos y activos mientras sienten que no encajan. Y si sienten que no se les presta atención adoptarán un ritmo más lento, cosa que los 4 suelen no notar hasta que reciben la carta de renuncia del 9.
Los jefes 9 pueden parecer enigmáticos porque dan la impresión de decir sí y no a la vez. Esta ambivalencia amenaza la situación especial que tiene el 4 y dispara su miedo a la humillación pública. Los 4 deben sentirse incluidos por los jefes 9 para no despertar su lado más competitivo o fomentar su retirada.
CON EL CINCO. Ninguno se promociona a sí mismo ni les gusta competir por determinada posición. Sin embargo, requieren una atención diferente: el 5 quiere ser validado por sus pensamientos y el 9 al conseguir un respeto personal no solicitado.
Esta pareja armónica puede llevar asociada una falta de iniciativa, cada uno espera ser estimulado por el otro. Potencialmente el 9 podría asumir la responsabilidad de lidiar con el público y el 5 refinar la tarea desde un segundo plano con un sólido análisis de datos.
Ambos necesitan una inyección de vitalidad, los 9 a través de la camaradería y los 5 a través del intercambio de ideas. Suelen interactuar en reuniones breves centradas en el trabajo por hacer. Los 5 aportarán información y los 9 harán que no decaiga la conversación. A ambos suele costarles conseguir la atención del otro, los 5 porque si se implican se ven absorbidos por los problemas y los 9 porque se aferran a una posición por miedo a descarrilarse.
Los jefes 5 operan en la distancia. Las reuniones que convocan se dirigen al contenido y se centran en determinadas áreas de un proyecto, por lo que hacen que los empleados sientan que se han tomado decisiones sin tenerles en cuenta. Esto hace que los 9 se rebelen internamente ante el hecho de que les ordenen en lugar de tenerles en cuenta. Esto hará que ciertas instrucciones no se ejecuten nunca. Por otro lado, la precisión de pensamiento de un jefe 5 resultará de agrado al 9 que así evitará dispersar su atención.
Los jefes 9 tiende a desarrollar un sistema que se adapta bien a los 5 porque ambos aprecian la estructura y así los 5 manejan expectativas predecibles y son capaces de producir con entusiasmo dentro de un tiempo determinado sin un carácter competitivo. Los que tendrán que adaptar es la forma de comunicarse porque el 5 quiere contactos controlados relacionados con tareas específicas y el 9 quiere conocer la postura de todos. El 5 quiere conversaciones concisas y el 9 puede prolongar la discusión de forma indefinida.
Por otra parte, ambos evitan el conflicto. El 5 reducirá su nivel de rendimiento y no se ofrecerá voluntario para ninguna tarea, algo que también puede llegar a hacer el 9. Si el jefe 9 quiere solucionar el problema deberá programar la discusión con el 5 con suficiente antelación para que ambos puedan prepararse.
CON EL SEIS. Esa relación suele unirse en 3. Si el 9 se siente seguro pasan al modo 3 sintiéndose atraídos por la imagen de éxito del 3. Los 6 dudan de sus logros pero consiguen ponerse al nivel de lo que se les pide. Es probable que ambos se recarguen de trabajo, a los 9 les cuesta decir no y se distraen con los detalles, y los 6 tienen dificultades para mantener el ritmo de la producción continua y tienden a quedarse relegados.
Los jefes 6 pasan períodos en que pierden la fe en el producto, el proyecto y la jerarquía pero pueden dirigir bien si cuentan con una respuesta de confianza. Necesitan poder analizar dudas y contar con un equipo con planificación. Pueden interpretar la falta de iniciativa del 9 como un sabotaje deliberado. La pasividad de los 9 despierta en el 6 la idea de que tiene planes ocultos. Pero los 9 son productivos si se sienten aceptados y un marco positivo suaviza las dudas del 6.
A ninguno de los dos les gusta competir, aunque los 9 esperan recompensas por sus esfuerzos y los 6 pueden caer en picado después de una victoria pública. Como jefes, los 9 intentan evitar el conflicto y esto puede hacer que el 6 sienta miedo porque no sabe de qué lado está su jefe. Aunque la forma de dirigir del 9, neutral, metódica y segura en sistemas basados en el procedimiento es la clase de refugio laboral ideal para calmar la ansiedad del 6. Las relaciones 6-9 duraderas son muy habituales, el 6 genera ideas que el 9, mucho más práctico, convierte en realidades.
CON EL SIETE. Los 9 son trabajadores pero producen sobre todo bajo la presión de una fecha límite y sin tener que asumir decisiones. Los cambios de planes rápidos les desorientan, son felices cuando llegan cada mañana sabiendo exactamente qué tienen que hacer, sin embargo, los 7 cambian sus planes sin cesar. Los 7 son flexibles y los 9 actúan por hábito. Aún así, sus estilos de trabajo pueden complementarse cuando los plazos les unen.
También comparten la ilusión de que el tiempo es ilimitado, los 9 creen que siempre cuentan con tiempo suficiente para añadir algo más y los 7 pierden el tiempo realizando varios proyectos al mismo tiempo. Ambos harán una ínfima parte de todos los proyectos que tienen pendientes hasta que una fecha límite les obligue a centrarse.
Los 7 se creen que pueden acceder a lo bueno sin tener que ganárselo y eso molesta al 9 que ha estado trabajando y ve que no le tienen en cuenta porque el 7 atrae el reconocimiento. Si el 7 es el jefe y ha molestado al 9 en ese sentido, hará que posponga y retrase el trabajo. No podrán solucionarlos con su encanto, los 9 querrán algo concreto. Además los 7 son impacientes y les cuesta escuchar los largos discursos de los 9 que sienten que tienen algo que decir. Si los 9 se sienten reconocidos son muy afables y manejarán los destalles organizativos que a los 7 no les gustan.
Como jefes, los 9 dan gran valor a la armonía en el trabajo y se encuentran a gusto en la rutina. Como no les gusta tomar decisiones, el empleado 7 considera que la rutina mata la creatividad. Así que inventarán trabajo en su propio beneficio y supondrán que su jefe 9 está de acuerdo. Los dos coinciden en dejar que las cosas sigan su curso, lo que puede desatar la evasión del 7 y la pasividad/agresividad del 9. El 7 seguirá adelante sin notarlo porque el 9 no hablará.
CON EL OCHO. Los 8 se enfadan con facilidad y se hacen con el control directamente y los 9 expresan su enfado d forma indirecta a través de una resistencia pasiva. Sus energías combinadas son altamente constructivas, el 8 inicia la acción y maneja el conflicto y el 9 actúa como mediador y brinda su apoyo.
Como jefes los 8 establecen extensas y complicadas pautas que aseguran un control total. Cuando se sienten expansivos se saltan sus propias reglas que se reactivan si desean tomar de nuevo el control. Los empleados 9 aprecian el liderazgo firme pero no soportan la confrontación. Sí se dejan arrastrar por el ímpetu de la acción grupal por lo que podrán alinearse detrás de un jefe 8. Pero si el jefe le exige que asuma responsabilidades lo más probable es que l 9 se atrinchere. El jefe exige y el 9 traslada las culpas, el 8 disiente y el 9 se queda mudo. Pero los 9 son el complemento ideal de los 8 porque huyen de la confrontación directa y esperan durante años.
Ambos suelen echar las culpas a los demás: los 8 para no cuestionarse a sí mismos y los 9 porque se sienten arrastrados por ideas de otros. El conflicto llega porque el 8 suele olvidar elogiar a otros y el 9 espera un reconocimiento no solicitado.
Cuando el 9 es el jefe, asusta al 8 porque se distrae, el 8 se lo toma como un liderazgo incompetente y le pondrá a prueba posicionando al resto de la oficina a su favor o en su contra. La forma de dirigir del 9 basada en el consenso tampoco encaja con el modo de proceder del 8, que empezará a hacer ruido para que el mensaje llegue lo más arriba posible.
CON OTRO NUEVE. Cada uno cumple con sus respectivas obligaciones y mejoran el sistema poco a poco. En situaciones complicadas habrá que animarles a hablar y a adoptar una posición.
Como jefes los 9 tienen que aprender a impartir instrucciones precisas, porque no quieren influir en los demás, no saben decir no y no desean fomentar la controversia. Prefieren mediar por otros antes que defender una posición propia. Suelen caer en acuerdos temporales con adversarios por su deseo de evitar el conflicto y quedan en desventaja cuando tienen que negociar para ellos mismos.
Como empleados se funden con la atmósfera de su lugar de trabajo. Su procedimiento preferido es repetir la rutina, lo familiar les aporta seguridad. Prefieren mejorar un sistema conocido que iniciar un experimento, así sienten que fluyen y llevan las riendas.