«El 7 es ese eneatipo capaz de extrapolar un montón de ideas desde un concepto base, puede llegar a ser incombustible en este aspecto. Otra cosa es llevar estas ideas hasta la materialización del proyecto, pero está claro que si se trata de ser creativo en las fases iniciales de un proyecto, este perfil es el ideal. Veamos de quién debería rodearse para llegar hasta el final».
CON EL UNO. A los 7 les encanta mostrarse en el entramado laboral. El 7 es el inventor, el planificador, el que se reúne y comunica con los demás mientras el 1 aporta estructura, seguimiento y control.
Tienen diferentes estilos de pensamiento, el 1 en términos de bien o mal y los 7 recurren a conceptos interrelacionados y necesitan una estructura flexible que pueda absorber ideas innovadoras. Los 1 habitualmente no pueden seguir el pensamiento multiopcional de los 7 y los 7 se sienten limitados por los enfoques lineales de los 1.
El 1 jefe puede reforzar su forma de pensar señalando pequeños errores. Estos comentarios pillarán desprevenidos a los 7 que se refugiarán en un montón de excusas. Estas tácticas evasivas desesperan a los 1 que las ven como mentiras aunque en realidad sean debidas al pensamiento no lineal de los 7.
Los jefes 7 pueden marcharse literalmente de vacaciones dejando una larga lista de preguntas sin responder. Para los 1 las decisiones inesperadas y los cambios bruscos de dirección no les resultan amenazadores pero sí considerarán una mala gestión una respuesta deficiente o incompleta. Los 1 enfadados cumplen la ley a rajatabla haciendo exactamente lo que les indican en lugar de ayudar a solucionar las deficiencias del 7 jefe.
CON EL DOS. Suele ser una combinación muy popular. Cuando el 7 tiene una idea, el 2 la concreta. El problema es que ninguno de los dos conseguirá llevarla al final. El 7 porque pone la energía en la fase inicial del proyecto y el 7 porque se queda sin alguien a quien apoyar cuando el 7 «se desconecta».
Un empleado 2 con jefe 7 intentará manifestar todas las opciones esperando satisfacer una necesidad. El 7 cargará entonces al 2 con bastante trabajo duro y si no se siente apoyado por arriba, se irá a buscar mejores condiciones. Los 2 no pierden el tiempo con personas que no saben apreciar a los demás porque no se formará el vínculo personal que el 2 necesita.
Los jefes 2 si son capaces de colocar a los 7 en posiciones donde no se aburran, conseguirán que trabajen duro. Lo único que tendrán que temer es si la naturaleza evasiva del 7, le va a permitir cumplir los plazos.
CON EL TRES. Esta relación suele florecer en el inicio del proyecto y se marchita antes de su finalización. Son parecidos en tirar hacia adelante, centrados en el futuro, los 7 unifican múltiples opciones en una síntesis interesante y los 3 explotan sus ventajas en busca de un éxito futuro. Los 3 se centran en su victoria personal y son capaces de asumir el trabajo aburrido con tal de alcanzar el objetivo. Los 7 compiten bien, presentan una imagen agradable y aparecen junto a los 3 como contendientes de primera línea. Los 7 se centran en la actividad que les hace sentir bien y los 3 en aquello que está bien visto por el resto de la gente. Pero los 7 se aburren fácilmente y pasan a lo siguiente, dejando al 3 con el trabajo arduo de llegar al objetivo final.
Un jefe 3 puede que confunda el entusiasmo de un 7 con su disposición a trabajar como un esclavo. Ambos producen mucho pero lo suelen hacer con más rapidez que cuidado, por lo que se pierde el control de calidad. Los 3 lo sacrifican en interés de la eficiencia y los 7 como atajo para evitar el aburrimiento. Además los 7 intentan igualar la autoridad lo que acaba generando una sensación de codirección en la que el 3 avanzará con ímpetu pensando que se están cumpliendo los compromisos mientras el 7 se ha aburrido y despegado hacia nuevos destinos.
Los jefes 7 resultan populares en las fases iniciales de los proyectos. Después delegan y si las dificultades a corto plazo son exigentes, vuelven a liderar. Un empleado 3 es su persona perfecta para concretar un proyecto, aunque pueden verse «perdidos» ante las lagunas que suelen dejar los 7 en la planificación. Esto les hace asumir el liderazgo, cosa que a la larga no resulta beneficiosa para el 7.
CON EL CUATRO. Los 7 ven siempre el vaso medio lleno y los 4 medio vacío, pero en lugar de detenerse, se ponen a trabajar con eficacia. Se retroalimentan en la distinción y singularidad. Conspiran para creer que pueden desarrollar algo nunca visto hasta ahora. La negación del 7 de ser arrastrado a una alternativa sin salida posible genera la actividad, y el énfasis que pone el 4 en la forma y las apariencias evita una hiperactiva explosión de planes.
Un jefe 4 disfrutará de un empleado 7 siempre que éste materialice resultados concretos. Los jefes 4 pueden sentirse bombardeados por las brillantes especulaciones del 7 porque no les gusta el trabajo de distinguir entre la mera astucia y las soluciones factibles. Ambos se fascinan por las posibilidades inusuales pero les resulta tediosa la ejecución diaria. Llegar a la fase final del proyecto les resulta difícil.
Los jefes 4 pierden interés cuando las metas comienzan a materializarse y pueden cambiar las prioridades, alimentando al 7 para generar aún más caos. Aunque los 4 son famosos por sus misiones de rescate en el último momento.
La disputa más frecuente entre ambos viene por las imperfecciones. El jefe 4 no se siente respetado y retira su aprecio al 7. Esto puede llevar al 7 a aislarse hasta que el conflicto desaparece. A su vuelta el resto pueden preguntarse por qué el jefe 4 encuentra al 7 más interesante que a ellos.
Los 7 son erráticos como jefes en el día a día. Prefieren planificar y delegar, así los 4 pueden hacer el trabajo. Este par se motiva por la convicción del 7 de que las buenas ideas se materializan siempre y por la percepción del 4 sombre los componentes que faltan para hacer realidad los planes. Son los empleados perfectos para un jefe que quiere escabullirse, siempre que se sientan apoyados y se les asignen responsabilidades excluyentes.
CON EL CINCO. Ambos son mentales por lo que consideran que las ideas pueden reemplazar a la acción. Les seduce la teoría. Los 7 son vulnerables, sus mentes imitan la estructura de un árbol, un buen concepto produce ramas asociadas y estas parecen viables porque parten del esquema original. El 5 es más lógico, una idea se convierte en objeto de investigación prolongada y puede trabajar años en soledad. Como esta relación da mucha importancia a la estrategia y la investigación puede que los proyectos no se finalicen y concreten jamás.
Los jefes 5 tienden a ser metódicos, siempre se respaldan en datos y se sienten seguros parcelando áreas de investigación. Si se vuelven muy minuciosos fomentarán la sublevación del 7. Por otra parte los jefes 5 consideran el estilo de conjunciones poco definidas del 7 muy estresante y falto de responsabilidad.
Entre ambos puede existir un acuerdo para evitar el conflicto porque ambos intentan alejar las dificultades en lugar de tratarlas.
Los jefes 7 se complacen en tomar decisiones de último minuto y su resistencia a dar por finalizados los temas puede hacerles parecer dispersos. Esto hace que los 5 se retiren a esperar, no es que estén de acuerdo, pero evitan comunicarse. Además los 5 tienden a entregar exactamente lo que se les haya pedido, y no de forma voluntaria sino cuando se les solicita.
CON EL SEIS. Los 6 dudan y los 7 se distraen así que puede que los temas se dilaten. Ambos tienden a entablar largas conversaciones y reuniones pero ninguno se ve como origen de la dilación, el 7 porque cree que sus múltiples opciones son facetas de un único plan y los 6 aseguran que sus dudas solucionan problemas. Los 6 se centran en evitar la catástrofe y los 7 en prever planes. Pueden apoyarse mutuamente para evitar la dilación, el 7 manteniéndose centrado en las dificultades y el 6 atreviéndose a creer.
Como jefes, los 6 odian tener que inspirar o promover la obediencia y se negarán a supervisar al personal evasivo. También suelen reaccionar excesivamente ante lo que se toman como falta de respeto de los 7, que pueden olvidar el problema. Los 6 piensan que admitir la culpa evita negligencias, pero esto no encaja con el espíritu libre del 7 que ven en la culpa un proceso de aprendizaje.
Los jefes 7 prefieren delegar y dividir sus proyectos, las metas a corto plazo que se alcanzan rápido les parecen más atractivas que los planes de largo alcance. Pueden delegar a largo plazo, pero también cambiar el curso de la acción sin previo aviso. Esto pone los pelos de punta a los 6, que ya se han establecido su rutina, y además esto les despierta todo tipo de suspicacias. Siempre que se les explique bien, mantendrán su lealtad.
CON OTRO SIETE. Los 7 aprenden rápidamente sobre la marcha, su máxima eficiencia se manifiesta frente a nuevas situaciones o cuando pueden planificar el inicio y luego delegar. Si tienen que hacer seguimiento, puede ser desastroso porque siempre irán encontrando nuevas posibilidades. Dos 7 juntos pueden llegar a una colaboración inventiva al probar un nuevo enfoque o separarse porque cada uno solo ve su visión personal.
Los 7 pueden centrarse en objetivos y actuar agresivamente como los 8 en un entorno competitivo sobre todo si notan que se cuestiona su capacidad. Pero también pueden actuar como los asustadizos 6 si se ven sin opciones. Si se inclinan a la seguridad y se mueven como 5, uno se aislará y el otro podrá dirigir como crea conveniente. Pero si alguno se acerca al perfeccionismo del 1 y sale su lado crítico, cuestionará la autoimagen positiva del otro.
Cada uno puede sentir que tiene más derechos de lo que se merece. El empleado considera que tiene derecho a más beneficios y el jefe a más tiempo libre. Además no les gusta posponer la gratificación. Los jefes 7 disfrutan creando y delegando. Pero si dejan el seguimiento a otro 7, aumentará la confusión, porque consideran que la prioridad son los detalles y los detalles pueden esperar.
Como empleados les gusta equipararse con la autoridad. Suelen caer bien y se hacen amigos de los directivos por su encanto personal. Si el directivo cambia el curso, el empleado 7 cambiará con él. Aunque el 7 es muy dado a interpretar las órdenes directas como sugerencias y los pensamientos en voz alta como hechos reales.
Se enfadarán si se cuestiona su autoimagen positiva e intentarán desviar las críticas con prolíficas excusas.
CON EL OCHO. Ambos tipos se motivan a sí mismos. El impulso inicial da paso a una rápida acción. Son muy seguros de sí mismos y avanzan sin percibir si se han desviado del camino. Los 7 se desvían para explorar opciones y los 8 debido a su patrón de producción basado en «todo o nada». Las diferencias crecen trabajando bajo presión, el 8 apunta al objetivo directo a toda máquina mientras el 7 sigue disperso en diferentes opciones.
Los jefes 7 tienen que ponerse a prueba ante los 8 debido a su liderazgo multidireccional y a que los 8 quieren regulaciones claras y supervisores justos. Si los 8 se sienten manipulados y empiezan a pensar en términos de blanco o negro, evaluarán a su jefe desde lo justo o lo injusto, la honradez o la mentira. Un empleado 8 leal bajo un plan lógico será un apoyo muy práctico que permitirá al 7 ampliar el alcance de sus proyectos. El 7 es un visionario y un proceso ingenioso puede conseguir el apoyo del 8.
Los jefes 8 son famosos por imponer reglas de forma selectiva, lo que los 7 interpretan como un permiso para obedecer de forma selectiva. A ninguno de los dos les importa saltarse las reglas, para ellos son pautas sugeridas. Los jefes 8 además olvidan lo que no quieren oír y culparán al 7 por su descuido cuando lleguen las malas noticias. Si el 7 se siente intimidado, improvisará e incorporará los cambios que considere, cosa que enfurecerá al 8 por la pérdida de control. Es un miedo del 8 a la pérdida de control y del 7 a la dominación.
Pero los 7 comprometidos hacen que los 8 se sientan seguros y dejen de ponerles a prueba. Así el 7 informará con puntualidad y el 8 se sentirá reforzado en su control, aunque las noticias que reciba sean malas.
CON EL NUEVE. Los 9 son trabajadores pero producen sobre todo bajo la presión de una fecha límite y sin tener que asumir decisiones. Los cambios de planes rápidos les desorientan, son felices cuando llegan cada mañana sabiendo exactamente qué tienen que hacer, sin embargo, los 7 cambian sus planes sin cesar. Los 7 son flexibles y los 9 actúan por hábito. Aún así, sus estilos de trabajo pueden complementarse cuando los plazos les unen.
También comparten la ilusión de que el tiempo es ilimitado, los 9 creen que siempre cuentan con tiempo suficiente para añadir algo más y los 7 pierden el tiempo realizando varios proyectos al mismo tiempo. Ambos harán una ínfima parte de todos los proyectos que tienen pendientes hasta que una fecha límite les obligue a centrarse.
Los 7 se creen que pueden acceder a lo bueno sin tener que ganárselo y eso molesta al 9 que ha estado trabajando y ve que no le tienen en cuenta porque el 7 atrae el reconocimiento. Si el 7 es el jefe y ha molestado al 9 en ese sentido, hará que posponga y retrase el trabajo. No podrán solucionarlos con su encanto, los 9 querrán algo concreto. Además los 7 son impacientes y les cuesta escuchar los largos discursos de los 9 que sienten que tienen algo que decir. Si los 9 se sienten reconocidos son muy afables y manejarán los destalles organizativos que a los 7 no les gustan.
Como jefes, los 9 dan gran valor a la armonía en el trabajo y se encuentran a gusto en la rutina. Como no les gusta tomar decisiones, el empleado 7 considera que la rutina mata la creatividad. Así que inventarán trabajo en su propio beneficio y supondrán que su jefe 9 está de acuerdo. Los dos coinciden en dejar que las cosas sigan su curso, lo que puede desatar la evasión del 7 y la pasividad/agresividad del 9. El 7 seguirá adelante sin notarlo porque el 9 no hablará.