«Esas personas de tu entorno laboral que casi siempre tienen el ceño fruncido, que trabajan incansablemente y que tienen un nivel de exigencia alto con todos. Es como si nunca se relajasen, pocas veces les has visto tener un momento de risas en el entorno laboral aunque es verdad que no te resultan especialmente desagradables y cuando salen de cañas, tienen conversaciones de lo más interesantes con una visión crítica del mundo. Así son los 1, seguro que conoces alguno».
Les motiva hacer lo correcto, la ética, los valores, la moral. Son conocidos como los reformadores del eneagrama.
Son trabajadores incondicionales. La autocrítica se convierte en defensa propia para criticar a los demás porque son altamente perfeccionistas con lo que hacen y se creen por eso con derecho a reclamárselo a los demás. Predican con el ejemplo y para ellos no hay grises, el trabajo es impecable o vergonzoso, blanco o negro. Son tan escrupulosos que supervisan sus propias acciones. Y se sienten culpables por no alcanzar sus elevados parámetros internos (autoimpuestos). Desvían la culpa: «el motivo es X» o «no ha sido culpa mía».
Desean tener una carrera de éxito pero eluden el riesgo, les surgen todos los interrogantes posibles, como si fuera poco riesgo cometer un error. Les preocupa traicionar sus ideales por conseguir seguridad y les aterroriza cometer un error fatal. Cuando tienen dudas, esperan, no se arriesgan.
Los perfeccionistas tienen la mente muy ocupada mientras la acción está teniendo lugar: intentan ser claros y tomar la mejor decisión posible pero su meticuloso y prolongado enfoque puede frustrar a los demás e incluso hacer que se sientan controlados. A las otras personas les irrita que el uno analice tan minuciosamente cuestiones que para ellos son importantes y que además, convoque una reunión tras otra sin tomar una decisión.
Les agrada contar con pautas y organigramas específicos. Les gusta la organización y las responsabilidades, saber quién se encarga de cada cosa. Aunque a ellos les cuesta delegar porque quieren hacer bien su trabajo. Además no quieren quedar comprometidos por los errores ajenos y se mantendrán en una postura de aislamiento hasta que se determine el origen del error.
Siguen cada detalle por lo que desperdician gran cantidad de energía. Incluso buscan evidencias de carácter ético: disciplina, modales, apariencia, respeto.
Prefieren hacer que sentir, desean centrarse en el trabajo en lugar de establecer relaciones personales, primero la obligación y luego la devoción. Se entregan al trabajo y sienten placer por el trabajo bien hecho. Se esfuerzan al máximo por una buena causa, por un buen líder o por un equipo competente. Y se comparan con los demás, estableciendo que si los otros trabajan, ellos también lo harán, y al contrario, si el resto no lo hacen, ellos tampoco.
Tantean, perciben lo que otros hacen bien y mal. Defenderán a los demás si «están en lo correcto» (según ellos) pero divulgarán la lista de rencores si no lo creen. Y siempre defenderán a ultranza a aquellos que trabajan en desventaja o a quienes mejoran gracias a su esfuerzo personal.
Desean recibir recompensas por su esfuerzo y preparación (que incluso realizan en su tiempo libre), pero no las piden. Si no las reciben su resentimiento se traslada a pequeños detalles e interacciones nimias y legitiman sus sentimientos heridos culpando a otros.
Como líderes sienten que guiar equivale a controlar la calidad. El liderazgo supone iniciar un plan perfecto, designar responsabilidades en cada sector e implementarlo escrupulosamente a través de directivos provistos de pautas claras.
Refinar una idea les resulta un interesante desafío. Absorbe información en cada fase pero tiende a implementarla de forma mecánica, su pensamiento se vuelve inflexible, piensa en blanco o negro y se ajusta al plan perfecto por lo que puede ignorar datos valiosos que no se ajustan al esquema. Una vez activados les resulta complicado cambiar de idea.
El liderazgo del uno resulta muy efectivo en situaciones que requieren planificación y estructura pero no funciona cuando hay que tomar decisiones espontáneas o manejar nueva información. Sus proyectos tienden a extenderse, a llevar más tiempo del pensado y costar más de lo esperado. Van solucionando los imprevistos sobre la marcha para llegar al trabajo perfecto, no pasan nada por alto, creen que eso es lo correcto y no entienden que se cuestione que algunas cosas serían prescindibles porque sienten que afectaría a la calidad final.
Normalmente los uno suben en el escalafón gracias a su esfuerzo, perciben quién se entrega y hace horas extras, quién participa y quién no. Para ellos son imprescindibles valores como la honradez, la lealtad a la familia, la buena presencia personal y el respeto por la autoridad.
Como empleados sienten respeto por organizaciones con una buena imagen y reputación labradas durante años. Desean ser evaluados en función de sus aptitudes, sus cualidades y su mérito y se sienten incómodos ante criterios que para ellos son subjetivos, como la personalidad.
Les resulta más sencillo criticar una posición establecida que asumir un nuevo punto de vista, aunque son altamente innovadores dentro de las pautas establecidas. Para ellos los cambios deberían ir acompañados de las correspondientes pautas de implementación, y estas no deben ser ambiguas para evitar que puedan llevarse a cabo de diferentes maneras.
Se preocupan más por las metas que por el proceso porque para ellos el proceso es tener todas las piezas ordenadas antes de empezar, para ellos cualquier interferencia, error o fallo supone una detención completa, una revisión total y la vuelta al principio. Se niegan a actuar si no sienten que están perfectamente preparados y en situaciones de presión pueden bloquearse. Eso sí, disfrutan de la excelencia de una tarea y tienen una gran paciencia con las personas que se esfuerzan por mejorar, no les importa ejercer de maestros.
Para ellos formular preguntas puede ser un motivo de estrés porque sienten que no se han preparado bien, prefieren estudiar el tema en profundidad antes de lanzarse a preguntar (no quieren hacer una pregunta obvia o incorrecta si creen que pueden tener la respuesta en la documentación que se les ha facilitado).
También dan por hecho que existe una correcta forma de proceder y desean saber exactamente lo que se espera de ellos, sintiéndose atrapados y ansiosos con las instrucciones poco precisas.
Si trabajan en equipo necesitan saber que se van a hacer las cosas bien. Les resulta traumático ser contradichos en público aunque se les da muy bien la controversia y el debate que puede acabar en consenso.