Seguro que en tu casa hay cosas que llevan ahí años, son eternas, y las compras porque ya las compraba tu madre o incluso tu abuela. Son de marcas que ya no tienen que demostrar nada, las de toda la vida que se han ganado el crédito a golpe de ser ellas mismas a lo largo de los años, ni han perdido calidad, ni ningún competidor se ha metido en su terreno porque quizás no había pastel suficiente para repartir y no merecía la pena.
Algunas de esas marcas en su día se vieron obligadas a reaccionar y reinventarse porque… Ariel llegó a convertirse en el nombre del detergente en este país, parecía que nada le podría desbancar y entonces llegaron las innovaciones cambiando el formato primero a líquido y luego a pastilla y sí… no le quedó otra que reinventarse o morir. Es verdad que ha dejado de ser el nombre genérico del detergente (aunque mi madre todavía dice que ha comprado Ariel traiga la marca que traiga), pero las nuevas generaciones ya no lo tenemos tan interiorizado.
Sin embargo, ¿quién no conoce el jabón de Lagarto? y sobre todo, ¿quién no lo tiene en casa por una razón o por otra? Ahí está, esa marca que nunca ha hecho publicidad y que va pasando en el boca a boca de generación en generación sin llegar a desaparecer. O las colonias de Álvarez Gómez en estos días en que el glamour se impone y no solo en cuanto a fragancias sino también en los nombres de las mismas… Y ahí siguen, en las estanterías de cualquier supermercado o perfumería, con su público.
Estas son las marcas que se comportan como 9, llegaron, se acomodaron y ahí están, sabiendo que son imprescindibles, un básico, un fondo de armario. No necesitan moverse, no necesitan hacer, son ese aliado que todo el mundo tiene y que solo saca cuando realmente lo necesita porque… lo necesita, ¿para qué van a negarlo? Y así, no sabemos hasta cuando, casi sin despeinarse, siguen en nuestras vidas, ¿hasta cuándo? No se sabe… y que no se vayan :-).