Pensamientos de Sara: «Mírale, ahí va, con esa chulería… Que le gusta que le miren, se creerá guapo. Encima, hay que ver, a la moda sí, pero hay que ver cómo le queda. De verdad, qué mal me cae, ¡qué trepa es!».
Pensamientos de Alicia: «¡Ay!, ahí está de nuevo, ¡qué guapo y qué elegante! Desde luego, él sí que puede, y encima, trabajador, ¡si es que lo tiene todo!, no me extraña que esté tan bien considerado en la empresa».
Os parecerá increíble que estos pensamientos, tan contrarios entre sí, sean sobre la misma persona, pero sí, este tipo de sensaciones son, las que despiertan los 3 con su forma de actuar. Vamos a ver por qué.
Les motivan: el dinero, los objetivos, los logros, los títulos, la promoción y el reconocimiento.
Los 3 sienten que el mundo valora a los campeones así que evitan el fracaso a toda costa. La vanidad eleva los logros personales hasta un lugar de gran importancia psicológica. Así que hay que mantener esa imagen de triunfo a ojos de los demás (aunque sea mentira). Su fijación son los logros de alto nivel, por lo que el anonimato les produce estrés, tienen que sentirse alguien a ojos de los demás. Saben cómo quieren verles los demás así que se convierten en esa figura deseada. Son los llamados «triunfadores» en el eneagrama.
Además, tienen la convicción de que el dinero compra la tranquilidad, así que desarrollan muchas aptitudes para alcanzar la seguridad laboral.
Se sienten seguros estando ocupados, se entregan a la tarea y les encanta competir porque siempre juegan para ganar. Ponen foco en el objetivo para alcanzar la victoria. Les gustan los cursos de acción rápida con una meta concreta, siempre miran hacia delante, hacia el futuro y el éxito, de hecho, un proyecto de éxito puede llegar a dominar su vida.
En su lugar de trabajo presumen de su habilidad mientras confunden su yo real con el papel que desempeñan («soy lo que hago») porque adoptan la imagen y los sentimientos que se suponen propios de su actividad, se convierten en el prototipo de su profesión. Intentan impresionar por todos los medios.
Su prioridad es ser eficientes y ahorrar tiempo aunque esto signifique tomar atajos y dejar detalles para más tarde, porque además suelen hacer varias cosas al mismo tiempo. Para hacer frente a una tarea comenzarán con un enfoque expansionista para exprimir las opciones hasta obtener los máximos beneficios. Y se enfurecen cuando se interrumpe un trabajo o hay problemas para alcanzar un objetivo. Valoran el resultado final, el proceso no tiene relevancia, y como son máquinas de hacer cosas, esperan que los demás trabajen de la misma forma y que todos hagan horas extras.
Consideran que deben ser respetados por su capacidad de trabajo y proyectan una imagen de alto perfil: credenciales, nivel social, «quién es quién» y por ello ejercen su poder sobre los demás, compiten por los papeles de liderazgo. Desean, sobre todo, el camino claro al éxito por lo que son intolerantes con los resultados ambiguos, consideran que deben ser recompensados por su esfuerzo.
Como necesitan mantener su imagen, no toleran las críticas y si fracasan desvían la responsabilidad hacia otro lado ( en niveles bajos, su falta de escrúpulos para alcanzar el éxito puede llevarles a actuar de forma poco ética).
Les cuesta distinguir la diferencia entre ser admirados como líderes y ser aceptados por lo que son, y esto provoca en los demás sentimientos tan encontrados como los que veíamos al principio del post.
El liderazgo es su posición preferida. Centrados en su objetivo siguen adelante a menos que una gran fuerza contraria les detenga, momento en el que surge la pelea. La meta es lo más importante. Cambiarán de opinión, se encargarán de todo, implorarán y pedirán prestado, irán hasta el límite y más porque cualquier riesgo merece la pena si se consigue el objetivo rápido y antes que nadie.
Cuando delegan lo hacen dando por hecho que todos actuarán como ellos, tomando la mayor cantidad de atajos posibles para conseguir una mayor eficiencia, no les importa sacrificar el control de calidad.
Los 3 pueden experimentar de maravilla con ideas ya conocidas pero no suelen ser pensadores originales ni innovadores. Su mayor mérito radica en que aplican viejas ideas a situaciones nuevas y consiguen buenos resultados.
Como empleados, tenderán a surgir luchas de poder entre los 3 y los demás. Ellos responden a las clásicas recompensas por el trabajo bien hecho, están dispuestos a producir por una bonificación y a competir por conseguir títulos.
Son felices en una situación laboral que cuente con objetivos establecidos, recompensas por logros conseguidos y prometedoras oportunidades de progreso. Cuando su ruta hacia el éxito queda obstruida, manipularán el sistema, hablarán con quien corresponda, negociarán sus propios intereses y establecerán programas competitivos.
Tenderán a hacerse cargo de un equipo cuando las áreas de influencia no estén específicamente designadas. Debido a que necesitan tangibilizar su valor, se ofrecerán voluntarios y exigirán a los demás. Se sentirán desvalidos si otros se hacen con el control por lo que tratarán de impresionar desde el principio.