Cuando asistí a mi primer curso de Eneagrama tuvimos que realizar un ejercicio por parejas. La pregunta era algo así cómo: «Tu jefe te plantea un problema para el que te pide una solución antes del viernes, ¿cómo lo afrontas?». Teníamos un ratito para trabajarlo y luego teníamos que compartir por parejas las opciones que habíamos elegido. Entonces llegó mi compañero y me dijo: «Yo espero hasta el jueves o incluso el viernes por la mañana y entonces, me pongo a ello». Yo no podía dejar de mirarle con los ojos muy abiertos, no me lo podía creer, así que, le pedí explicaciones. Y me dijo: «A ver, puede que el problema, desde hoy al viernes se solucione solo o puede que lo solucione otra persona». No daba crédito y como no daba crédito, le repliqué: «Y si no te da tiempo, y si la solución que ofreces no le gusta a tu jefe, y si…». No recuerdo cuantos «y si…» le dije. Sin alterarse, me contestó: «Si no le gusta, tendrá que darme más tiempo». Volví a la carga: «¿Y si no hay más tiempo?». Entonces me contestó: «Siempre hay más tiempo porque si no lo hubiera, no existiría ninguna solución al problema».
Entonces fue cuando descubrí que el eneagrama era muy útil y que había un montón de puntos de vista. Supongo que os estaréis preguntando cuál era mi respuesta. Yo soy un 6, desde mi punto de vista yo tenía que estar preparada para todos esos «y si» que pululan siempre por mi cabeza. Yo hubiera planteado diferentes opciones, las hubiera testado con amigos y/o compañeros, hubiera buscado sus posibles rechazos para buscar otras soluciones alternativas, y seguramente me hubiese presentado ese viernes con un par de opciones terminadas, cada una en un extremo y con un montón de planes B, C, D… y a saber hasta donde en función de cómo yo estimaba que era de importante el tema.
El caso es que somos diferentes, reaccionamos de forma diferente pero en el resultado final, es posible que esa solución de mi compañero, desde un punto de vista de un 9, planteada en menos tiempo, fuese incluso mejor que cualquiera de las mías.
Creo que eso me hizo cambiar un poco, no voy a decir que sea otra porque de forma innata, en mi ADN llevo ese comité que me empuja siempre a valorar múltiples alternativas que me preparan para lo peor, pero es verdad que me hizo respetar más las decisiones de otros y creo que he mejorado en la gestión de mi propio equipo.
Y lo que nos plantea R. Karl Hebenstreit en su famoso libro «The how and why: taking care of business with the Enneagram», es precisamente eso, aprovechar las fortalezas de cada eneatipo para construir un trabajo en equipo mejor de la siguiente forma:
Paso 1: Idea de negocio
Cada negocio evoluciona a partir de una idea brillante y novedosa de cómo crear un producto o servicio nuevo, diferente, mejor, más rápido o más barato que de alguna manera haga del mundo un lugar mejor, al menos para alguien, si no para todos. Esto parece un espacio muy natural para usar las fortalezas del eneatipo 7:
– Innovación, novedad.
– Visión general.
– Identificar y tomar ventaja de lo nuevo, las oportunidades excitantes.
– Ideas.
– Optimismo.
– Enfoque en el futuro.
– Brainstorming.
Paso 2: Investigación y diligencia
Una vez que tenemos la idea, se debe trabajar para ver qué tan viable es y qué factores de competencia u otros existen, si los hay, en el mercado y el entorno que pueden dificultar el logro exitoso de la visión. Aquí podemos explotar las fortalezas de los eneatipos 6 y 5 y fluye bien si procedemos en sentido contrario a las agujas del reloj alrededor del símbolo del eneagrama:
– DAFO (Fortalezas, Debilidades, Oportunidades, Amenazas).
– Plan de contingencia.
– Planificación del peor escenario posible.
– Realismo.
– Análisis del entorno.
– Interesados externos.
– Interesados internos.
Paso 3: Misión / Visión / Valores
Ahora que sabemos cómo se ve el panorama competitivo y hemos llevado a cabo nuestro análisis, es hora de revisar nuestra visión inicial y ver si aún es realista. Luego, hay que relacionar la misión de nuestra compañía específica y ver cómo contribuiremos a su realización, junto con la determinación de nuestras acciones. A medida que continuamos nuestro viaje en sentido contrario a las agujas del reloj alrededor del círculo exterior del diagrama, nos detenemos y aplicamos las fortalezas del eneatipo 4, pasamos su flecha de confort / seguridad a eneatipo 1, y luego atravesamos la flecha de confort / seguridad a eneatipo 7:
– Misión: Qué estamos haciendo aquí; nuestro nicho; cómo agregamos valor; nuestro diferenciador lo que nos distingue de los demás; cómo somos especiales / diferentes de nuestros competidores (eneatipo 4)
– Visión: el estado futuro tal como lo vemos (eneatipo 7)
– Valores: creencias fundamentales, principios operativos (eneatipo 1)
Paso 4: Establecer objetivos
Reanudando nuestro recorrido en sentido contrario a las agujas del reloj, justo al lado del eneatipo 4 en el eneagrama, están nuestras próximas dos paradas secuenciales para nuestro plan estratégico de negocios. Ahora que hemos aclarado nuestra misión, visión y valores, es hora de crear objetivos y metas concretos para ver cómo lograremos nuestra misión y visión. Esta vez necesitamos involucrar las fortalezas de los eneatipos 3 y 2:
– Orientación a metas
– Orientación a métricas
– Orientación a la acción
– Nexos / relaciones que lo hagan realizable
– Identificación de necesidades
Este es un paso crítico, ya que estos objetivos se aplicarán en cascada en toda la organización. Luego, cada departamento definirá operacionalmente qué significan estos objetivos para el equipo y cómo puede contribuir al logro de la meta general de la compañía. Involucrar a los equipos en el proceso de establecimiento de objetivos mostrará a los miembros del equipo cómo sus trabajos son importantes para la organización y dirigirá su mayor compromiso e implicación. Debemos asegurarnos de que el objetivo sea lo más claro y significativo posible:
– Específico
– Medible
– Agresivo y asequible
– Realista / orientado a resultados
– De tiempo limitado
Dado que la mayoría de los gerentes y empleados experimentan dificultades en este campo, aquí hay una fórmula para ayudar a facilitar la fijación efectiva de objetivos. Simplemente hay que seleccionar una opción de cada columna y las metas prácticamente se escriben solas:
| VERBO DE ACCIÓN | ¿QUÉ VA A CAMBIAR? | ÉXITO MEDIBLE | ¿PARA CUÁNDO? |
| Lograr Alcanzar Decrecer Mejorar Incrementar Disminuir Bajar Mantener Maximizar Minimizar Subir Reducir Sostener | Pérdidas Moral Productividad Aprovechamiento Calidad Ventas Satisfacción Reservas | En % En € En puntos | Para… Cada semana Cada mes Cada trimestre Cada año |
Paso 5: Plan de acción e implementación
Desde nuestra actual parada en boxes en el punto 2 del eneagrama (y como ya hemos visitado recientemente el eneatipo 1 en el paso 3), es hora de seguir la flecha de estrés del eneatipo 2 al eneatipo 8 y aprovechar sus puntos fuertes en la planificación e implementación de acciones:
– Foco en el presente
– Trabajar a través de desafíos y obstáculos
– ¡Ejecutar! Responsabilizar a los demás y llevarlos a la acción
– Orientación a la acción
Paso 6: Revisión continua y recalibración
Justo al lado, en el sentido de las agujas del reloj, hasta nuestra última parada en el círculo de Eneagrama está el eneatipo 9. Una vez que hayamos implementado todos nuestros planes de acción, debemos dar un paso atrás y evaluar cómo nos está yendo en el contexto de nuestro entorno general. Esta es una fuerza natural del eneatipo 9:
El eneagrama en el plan estratégico: el flujo

Este modelo propuesto no sugiere, de ninguna manera, que tengamos que contratar o involucrar a personas cuyas fortalezas se identifiquen en cada paso del proceso. Debemos recordar que cada uno de nosotros tiene acceso a cada uno de los puntos del eneagrama y sus respectivas fortalezas y puntos ciegos (alas y flechas). Simplemente tenemos que recordar involucrar a cada uno de nuestros «ene-esencias» en el momento apropiado para asegurarnos de que estamos viendo la imagen completa y obteniendo la perspectiva completa de cada situación. Una vez que se implementa un plan estratégico sólido, se debe difundir en toda la organización y hacer referencia a él con frecuencia (es decir, a través de vehículos de comunicación interna y reuniones periódicas) para recordar a todos en la organización por qué están allí y qué se espera que logren. Además, este modelo puede servir como un gran mediador y árbitro de conflicto (¿esta acción / decisión respalda nuestra misión, visión y valores?).
Es decir, una vez entendemos que cada uno de nosotros tenemos diferentes fortalezas y que somos mejores en una parte concreta del proceso, si nos aplicamos en esa parte, y dejamos que el resto, se apliquen también en sus partes más efectivas, dejaremos de compararnos y estresarnos porque «menganito no hace nada…». No es eso, simplemente hace lo que mejor sabe hacer y que por supuesto, es lo mejor que puede aportar en el resultado final.
Podéis probar. Hacedle a vuestro compañero la pregunta que formulaba al principio de este post tan largo y pensad en vuestra propia respuesta antes de comparar, ¿habéis pensado lo mismo?